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Hoy llevo un día raro. Me he llevado un pequeño sobresalto y, aunque sólo he tardado unos segundos en recomponer mi calma, sigo teniendo esa sensación asquerosa de malestar rondando por ahí.

Maman, pragmática como siempre, me aconseja mil cosas para olvidar el susto.

Hoy, posiblemente el peor día para ello, he tomado la decisión de intentar aumentar mi tolerancia, ya de por sí considerable, porque llevo un par de días que noto que algunos comentarios que leo por internet y algunas actitudes que me voy encontrando en mi vida diaria me sacan de quicio con una cierta facilidad.

Posiblemente sea el retorno del calor o que he tenido que modificar mi pauta de sueño, pero lo cierto es que toda esta semana me noto algo más proclive a irritarme que de costumbre. Mal por mi parte.

En mi, que voy a pasar de largo ante los comentarios y actitudes que me desagraden. Si algo he aprendido en la vida es que, a estas alturas de la misma, la gente no va a cambiar su manera de ser y seguirá fiel a sus principios (o falta de) y sus contradicciones inherentes.

Y para prueba de ello yo, que sin ser dogmático, tengo mis manías mentales.

Gros bisous,
P.