Hoy una dama con la que he pasado muy buenos momentos, donuts mediante, me ha hecho reflexionar sobre mis defectos y, la verdad, los tengo. Pero procuro no mencionarlos. Y me pregunto si, más que no mencionarlos, los oculto.

La respuesta es mitad y mitad.

Los que se pueden decir en voz alta no me importa reconocerlos. Los otros… es algo entre yo y yo.

No me avergüenza reconocer que me gusta demasiado el sexo, con el matiz negativo que comporta el añadir “demasiado”, pero es un defecto que reconozco. No sirve de nada negarlo.

Los otros no desaparecen por mantenerlos en silencio. Con que yo sepa que existen ya vale.

Gros bisous
P.