Una de mis antiguas amistades femeninas parisinas se ha puesto en contacto conmigo para hacerme saber de algunas de las burradas de B., la que fue mi “hija oscura”. Y me he llevado una sorpresa.

A pesar de los meses que hace que nuestro contacto se fue deshilando hasta dejar de existir, a pesar de mis raras apariciones por París, me responsabilizan de las burradas que B. ha cometido. Por un lado tienen razón, pero por otro no.

Fue mi hija oscura, pero ya no lo es. Por tanto, no me considero responsable d sus actos. Además, los que nos conocen a los dos saben perfectamente que me cansé de aconsejarla en vano.

Así que he consultado con Maman, y estoy camino de hacer una soberana gilipollez. Voy a volar fugazmente a París, gracias a los medios que mi madre oscura pone a mi disposición, para encontrarme con B., que está avisada de mi llegada.

He escogido como lugar de encuentro una cafetería “oscurita” que estará frecuentado por algunos conocidos nuestros (Maman no para de mover hilos, es estupenda) para que obren como testigos, ya sea de la “reconvencción” de B. o de nuestra definitiva ruptura.

Me parece todo tan kitsch, tan increíble, tan exagerado, tan pueril…

Hago esta manifiesta estupidez (para mí basta con lo hecho), por consejo de L. Mi madre oscura me ha repetido durante nuestra conversación que es mejor perder el tiempo con este viaje que parecer indolente y no hacer nada al respecto.

¡¡¡Cómo si a mi me importara una mierda la opinión de esa gente!!! Pero a L. sí, y por ella lo hago. Maman es Maman

En fin, aprovecharé para pasar un par de horas con N. y P., al menos, y solazarme con mis galos favoritos. Sospecho que Maman abandonará su retiro romano para meterse en este berenjenal.

Que desperdicio. Todo esta supina tontería parece más propio de un culebrón venezolano que otra cosa.

Estoy furioso.

Gros bisous,
P.