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El paseo ha ido muy bien. Era justo lo que los dos necesitabamos: pasear como dos amigos, sin importarnos quién pueda vernos o reconocernos. Simplemente charlar, bromear y, sobre todo, vernos.

Me he dado cuenta de que los dos nos preocupamos por el otro y necesitamos vernos para asegurarnos de que estamos bien. Como ella resume tan gráficamente “hemos pasado de ser dos desconocidos a parecer amigos de toda la vida“.

Supongo que es una especie de “complejo de Estocolmo” llevado a los amantes.

Ella me ha preguntado por mis planes para el fin de semana y he podido ver su sonrisa ensancharse al contarle un secreto que apenas había insinuado en estas páginas.

Este fin de semana me va a visitar una pareja a la que adoro, en especial a ella, que ha sido protagonista de grandes momentos de mi vida. Todo viene a costa de otra apuesta perdida. Ella, en cuanto ha tenido oportunidad, se ha “regalado” este viaje a Barcelona, porque, en pocas palabras, quiere hacer un trío con este pobre panda y su marido, que no acaba de ser un liberal total.

“Así mato dos pájaros de un tiro” -dice la dama:- “a él lo despabilo y a tí te follo con todas las ganas atrasadas que te tengo”. Y se queda tan pancha y yo con las rodillas temblando. Ayer, hablando vía whatssap con él, le dije:

-Tío, tú sabes lo que quiere ella…

-Ya…

-¿Y?

-Cómo para decirle que no…

-Entonces…

-No nos vamos a aburrir.

Y así está el tema.

Severine, al escuchar esto, se reía y me replicaba “anda que no te lo vas a pasar bien…”. Y tú, si pudieras, le he replicado. Entonces se me ha ocurrido una idea absolutamente loca de puro bella.

Sé que a Severine le van los tríos. A mi dama visitante también… ¿Por que no… un trío con las dos?

Severine ya sabe mi idea y la otra “afectada” por mi idea ya tiene un email en camino…

Admito que es complicado, porque los fines de semana es imposible para Severine, pero… por probar… el “no” ya lo tengo…

Estoy desatado.

Gros bisous,
P.