Hoy mi sobrina ha conseguido irritarme con su intransigencia. Súmese a eso que he revisitado mentalmente una triste historia de la que fui testigo impotente y he aquí el momento gris de mi día. Supongo que tocaba.

Así que he optado por llamar a París, a N., para comentarle sobre la sorpresa y pedirle sugerencias porque, lo confieso, estoy muy perdido al respecto. Y me ha sorprendido.

“La sorpresa? Ah… tú eres la sorpresa… con que tú estés incluído, todo lo demás nos vale”.

Toma ya.

Dejà vú…

Hala, ya no tengo que romperme las neuronas. Ahora sí que lo tengo fácil.

Gros bisous,
P.