Sentado en una cafetería mientras me maravillo de que Maman sea como es, atenta a su petit ours. Le he pedido si me dejaría ver una colección de fotos del París de finales del siglo XIX de su familia y ha venido a traermela… si es que es para ronronear con ella y no parar…

Y así tengo a Maman de charla con mi pandasobrina, que tiene oportunidad de escuchar a L. y a su delicioso acento galo tiñiendo su inglés.

Nada de temas liberales esta vez.

Creo que ya tengo los escenarios para mi relato…

Gros bisous,
P.