Ayer me sorprendí agradabelmente a costa de la hija de mi primo (sobrinapanda a partir de ahora por la gracia del abuelo panda).

Y digo que me sorprendí porque yo mismo me dí una sorpresa.

Supongo que debe ser una demostración de que no todo vale para mí, pero, la verdad, como Maman me dijo por teléfono, “¿tú, compartiendo piso con un veinteañera? Peligro, osito mío, peilgro?”.  Y yo me lo temía, la verdad.

Pero no. Fue ver a mi sobrinapanda pasearse en pijama delante de mis pandanarices y el fantasma de Humbert Humbert saltar por la ventana.

Soy capaz de frenarme cuando hay lazos de sangre por delante.

No todo vale. Hay límites incluso para este panda.

Que alivio.

Gros bisous,

P.