Su mente divagaba y sus dedos golpeaban rítimicamente la mesa. No tenía control sobre los acontecimientos. Su mirada oscilaba entre algún punto indefinido al otro lado de la ventana y el sofá y la pared. Fuera de estos lugares el mundo era una sucesión de oscuros.

La sonrisa de él había sido lo que le había cautivado. Ahora sólo necesitaba unos minutos de reflexión tras los que sacudiría la cabeza para eliminar la niebla que cubría su mente.  Se pondría a pensar en otra cosa, quizás en levantarse y actuar. Antes de lograr eso su mente volvió a distraerse.

Eso no podía pasar. Se lo repetía una y otra vez, y era lo que más la frustraba. Ella no era así. Si tenía que perder el tiempo prefería hacerlo follando. Pero así estaba ella. Pensativa. Distraída. Pensando en él hasta el hartazgo y la náusea.

Tarde o temprano se preguntaría el porqué. Pero para eso aún tendría que pasar algunas noches más.