21/11/2018

Me he ido a estirar las piernas en el frescor matutino y, al volver, WY salía con su marido. Tras los saludos de rigor (él y yo congeniamos mucho por cuestiones políticas y filosóficas), me han comentado que van a pasar el día con unos parientes en una ciudad catalana de cuyo nombre no puedo acordarme. Al despedirnos, ella ha rozado sutilmente el dorso de su mano con la mía y ese simple roce ha provocado un delicioso escalofrío y un endurecimiento de mi polla.

Juraría que él ha sonreído ligeramente en ese momento. Por ahora, el enigma sobre lo que él sabe e ignora y sobre lo que se desentiende voluntariamente y lo que no conoce y no necesita averiguar, se mantiene incólume. No tengo prisa por desvelarlo de todos modos.

Apenas he cruzado la puerta de casa me ha llamado Lady J. Me ha propuesto un par de cosas para la semana que viene y, al darme cuenta de una pequeña coincidencia de uno de esos eventos, he tenido un ataque de risa cuando he colgado. Ya me ha costado no carcajearme durante la conversación, pero lo he logrado. En fin, que la dama sigue fiel así misma y continúa haciendo planes que me afecta colateralmente y luego, con su habitual flema británica, me pregunta “oye, ¿te iría bien?”.

En fin, parece que las coincidencias vuelven a tener ganas de jugar al poker. No me gusta esto, pero por una vez voy a no hacer nada y dejar que todo siga su curso, a ver hasta dónde llega. Tengo curiosidad por ver a qué juega el destino y qué están tejiendo las parcas.

Para empezar, mañana tengo una cita para conocer a una pareja que, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en amigos inseparables de Lady J. La dama quiere que los conozca de cara a futuros acontecimientos y, sobre todo, porque según ella “tienes que conocer a más gente“. Al parecer, está algo inquieta porque “parece como si te hubieras retirado…“, lo que no es del todo inexacto… En fin, pero se me he vuelto muy sociable últimamente, por favor…

Hasta las próximas letras,
J.

20/10/2018

Anoche tuve una gran velada con WY. Cenamos tranquilamente y luego nos dimos dos caprichos. Primero ella quiso ir a la Oveja Negra, la de la Rambla, no la de Pueblo Nuevo, y luego, disfrutando de la lluvia, nos fuimos dando un paseo al bar Marsella. Quid pro quo.

La idea era vernos actuar en directo, sin nada que nos influyera o manipulara, y lo hicimos. La parte más interesante y reveladora tuvo lugar mientras jugábamos al billar, momento durante el cual las bolas y las palabras rodaron en todas las direcciones. Fue interesante, revelador e instructivo. Y, sobre todo, una oportunidad para ser yo. Estuve bastante bien, pero no lo suficiente. Tengo que ser mejor.

Ella se divirtió, se puso a jugar conmigo como el gato hace con el ratón y, mientras se movía alrededor de la mesa de billar, su culo se frotó varias veces con mi entrepierna, y fue entonces cuando se encendió mi bombilla y me dí cuenta de parte de su estrategia. Quedé encantado.

Es una mujer con una gran empatia y una gran debilidad: siente demasiado. A pesar de su seguridad, de sus maneras tranquilas, de su dominio, de su control, siente demasiado. Es muy humana. Y terriblemente interesante.

Luego, en el Marsella, nos relajamos, tal vez demasiado, porque acabamos los dos un poco bebidos y, como consecuencia de ello, escribo estas líneas con una ligera resaca.

Conclusiones.

Me divertí mucho, la conocí mejor y descubrí a una mujer estupenda. Muy divertida.

Hasta las próximas letras,
J.

18/10/2018

Ayer tuve una cita con WY., mi vecina. Botas negras, un vestido negro, cazadora marrón oscuro y bufanda blanca.

Quedamos para tomar algo y hablar. Fue una primera toma de contacto muy interesante. Nos mostramos mútuamente las personas que existen debajo de la fachada, o parte de ellas. Hobbies, gustos, algunas manías… Me gustó (más aún) y ella quedó encantada con mi sentido del humor. Yo tuve una pequeña ocurrencia al volver los dos a casa. En metro, que poco glamuroso. Me apeteció hacerle una foto a la dama (ella insistió en que no saliera su cara por razones obvias). Una especie de recuerdo, una especie de trofeo.

Me va a hacer un regalo, por cierto. Dice que es una costumbre que tiene y que ya me explicará. Cuando lo decía sus ojos tenían una peculiar expresión y su boca sonreía maliciosa.

Es una amante de la literatura rusa (Dostoyevski, Tolstoi…), del cine y el rock (no Metallica this time), del sushi y los paseos por el bosque. Y hablando de pasear, le gusta hacerlo desnuda por la playa. Lástima que no sea esta época de paseos playeros.

También le gusta dar sorpresas. Entre eso y lo del regalo me muero de curiosidad.

Hasta las próximas letras,
J.

16/10/2018

Ayer tuve un momento curioso con la vecina casada de la que llevo hablando algún tiempo.

Nos encontramos en la calle y, cuando llegábamos al portal, le comenté que estaba muy elegante y le pregunté, por cortesía y algo de curiosidad, si venía de algún acto oficial. Me dirigió una mirada extraña, algo dura, y sospecho que me iba a contestar algo diferente a lo que le salió al final.

Me comentó que volvía de despedirse de alguien que había formado parte de su vida (“no, no vengo de un funeral”, añadió de manera innecesaria). Y deshicimos nuestros pasos para entrar en la cafetería de al lado para tomar sendos cafés con leche.

Hablamos de generalidades hasta que, de repente, ella me preguntó “¿lo sabes, verdad?”. Se refería a si yo sospechaba que el hombre del otro día era su ex-amante. Le respondí afirmativamente y ella sonrió para sí misma. “Tú sabes”, me replicó. “Oh, estoy aprendiendo”, contesté, pero ella me cortó rápida “No, tú sabes”.

Tras unos instantes de molesto silencio cambiamos de tema. Algo que habían comentado en la tele. Una de las muchas trivialidades con las que la caja tonta distrae y atonta a esta sociedad tonta y distraída.

Al despedirnos, camino cada uno de sus respectivos hogares, ella me miró del mismo modo con el que me observaba cuando me dijo “tú sabes”. Y, para mi sorpresa, se despidió de mí con dos besos.

Creo saber a qué se refiere la dama.

Hasta las próximas letras,
J.

15/10/2018

Ayer tuve una idea brillante, una pequeña manera de provocar, de atraer atención, de causar dudas, de hacer que la gente se pregunte “y si… será…”. Por el momento, el primer ensayo fue plenamente satisfactorio. Ya veremos como va la inauguración de la soirée.

Va a ser un pequeño juego para comprobar hasta dónde llega la curiosidad de la gente. Tengo el espíritu investigador en marcha y voy a ver qué descubro.

Hasta las próximas letras…
J.

14/10/2018

Ayer tuve dos momentos humorísticos con la vecina que ha captado mi curiosidad.

Volvía yo de cumplir un encargo cuando me la encontré en la entrada de la puerta, mientras ella sostenía una acalorada discusión por el móvil con alguien que no estaba haciendo bien algo. Camino del ascensor le escuché decir:

-¡Sí, hombre, y también me vas a comer el coño con pan Bimbo!

Ella vio la sonrisa que aparecía en mis labios y la mirada chispeante y me observó con curiosidad antes de preguntarme sobre la causa de mi buen humor. Me limité a levantar la mano que llevaba el paquete de pan Bimbo que había ido a comprar y sonreí guasonamente.

Ella aún se reía cuando metió las llaves en la puerta de su casa. Y más cuando le dije que me iba a mi piso, pues ella vive en el cuarto y yo en el primero.

-¿Y por qué has subido conmigo hasta el cuarto?

-Porque una charla hasta el primero es mucho más corta…

Su risa me encantó.

Cuando llegué al primero me dí cuenta de que, además, me había ido a la escalera de al lado, no a la mía. Ah, la pasión…

Hasta las próximas letras,
J.

13/07/2018

Ayer Lady J. me regaló un trío con una de sus nuevas amistades liberales. La dama, por cierto, ha retomado sus viejas costumbres.

Primero comimos los tres, al aire libre, bajo un cielo gris a ratos, soleado a otros, mientras hablábamos y nos conocíamos la amiga y yo. La llamaré D. Me cayó bien, la verdad, y ella, por algún extraño capricho del destino, quedó prendada de mis cualidades que menos me gustan, de lo que no soy. En fin, cosas que pasan, mea culpa.

Camino del hotel continuó la charla. Las damas estaban excitadas, lo que no deja de ser un espectáculo digno de ver, pues J., siempre fiel a sus genes norteños, no suele dejar que se le escapen más emociones de las necesarias y por ello ayer me sorprendió un poco.

La parte positiva es que Lady J. parece haber aprendido cosas nuevas, ya sea de esta nueva amiga o de quién sea, no es importante. Aunque sería ideal que sea más selectiva en sus amistades, porque D. no me parece el tipo de persona que necesita. Es simpática, sexy, seductora y bastante lista, pero es de otro mundo, por así decirlo.

Tiene buen tipo, pelo largo, muy negro, y ojos claros. Las tetas son grandes y operadas. Una lástima, porque me hubiera gustado conocerlas antes del recauchutado. En fin, cosas que pasan.

D. se empeñó desnudarme ella misma, y lo hizo con atención casi maternal, lo que me resultó algo molesto. Luego follando le ví un par de cosas que no me gustaron y eso fue definitivo. Oh, en la cama es regular, pero sirve para pasar el rato. Pero no hubo feeling una vez en cueros. Lady J., por su parte, estuvo mejor que las últimas veces. El progreso es evidente, y me alegro por ella.

Hasta las próximas letras,
J.

11/10/2018

El lunes estaba yo sentado con un conocido en la terraza de una cafetería cercana a mi casa y, sinceramente, me aburría. Mi conocido tiene un gran don de la palabra pero su locuacidad es excesiva y, al cabo del rato, me harté, de manera que mi mente se desconectó. No es que no me interesara lo que me explicara, era simplemente que no callaba y el aluvión de palabras me terminó por hartar.

Al lado de mi mesa estaban una mujer y un hombre que llamaron mi atención. Ella no era especialmente guapa, pero sí atractiva; elegante y bien vestida. Él, por el contrario, no hubiera estado fuera de lugar en la portada de una revista de ropa para hombres. Y, sin embargo, había algo raro en ellos. Al cabo de un rato lo ví.

Él sonreía mucho, quizás demasiado, y ella, por su parte, estaba muy seria, replicando en monosílabos. Por lo que pude entender, su relación no estaba precisamente pasando por un buen momento y tenía pinta de ir a peor. Así, al final, ella le espetó algo, el caballero se quedó mudo, luego palideció y al final se marchó apresuradamente.

Ella se quedó un rato sola, fumando, muy pensativa. Para entonces mi compañero de mesa había cambiado de tema por centésima vez y yo, en un momento de inspiración, le pedí que fuera a por otro par de cervezas, porque me estaba calentando la cabeza y mis neuronas necesitaban respirar un poco. Así que aproveché para observarla disimuladamente.

Tiene un aire a lo reina Gorgo de 300, pero con un matiz propio diferente. Como he dicho, no es una mujer bella, sino atractiva. Se sabe cuidar y potenciar sus puntos fuertes, y exhuda una gran seguridad, que casi es agresiva. O eso o interpreta muy bien.

Al poco llegó su marido y fue entonces cuando las pelotas se me cayeron al suelo, porque el caballero no estaba a la altura de la dama. Por decirlo de alguna manera, ver a los dos juntos se me antojaba la misma sensación que me hubiera producido ver a Lauren Bacall del brazo de Jerry Lewis. Y, sin embargo, el amor entre ambos eran tan obvio y tan evidente que no cabía posibilidad de equivocarse. Eso sí, la impresión casi hace que me beba la cerveza con la oreja.

Cuando se levantaron y entraron en el edificio en el que vivo, una parte de mí se alegró salvajemente, aunque no tanto como para soportar a mi lenguaraz compañero.

Bien, hoy hemos coincidido los dos y hemos podido charlar durante un momento. Y la mirada de despedida que me ha dirigido estaba tan preñada de posibilidades que me ha dejado dudando de si realmente lo he visto o lo he imaginado. No importa, ya volveremos a hablar y saldré de dudas.

Hasta las próximas letras,
J.

09/10/2018

¡Me han invitado a una orgía! El “merito” es de un perro y de Lady J. y los autores unos amigos suyos.

Todo empezó con una mascota perruna detrozando el jersey que llevaba en un exceso de entusiasmo afectivo. Ella se empeñó en ir de compras para reponer lo perdido (algo tipico en ella), y me compró dos jerseis. Ella es así.

A la vuelta de las compras nos fuimos a tomar algo (teníamos hambre) y en esa estábamos cuando llegaron dos amigos suyos a la cafetería y reconocieron la inconfudible melena rubia de J.. El primero, al que llamaré Sr B (de bocazas), debía rondar un metro ochena y cinco de estatura, maneras un punto ampulosas y una gran locuacidad. El otro era algo más bajo, más discreto y, en mi opinión, era más atractivo que su locuaz amigo.

Al parecer ambos conocen a Lady J. de sus andanzas liberales y el Sr. B tardó poco en imaginar, equivocadamente que yo era uno de sus nuevos amantes (un acierto al 50%) y comenzó a hablar con toda naturalidad de su hazañas sexuales, incluso demasiada, como ya he dicho. La verdad, me resultó chocante que, de buenas a primeras, con un desconocido delante, se explayara sobre sus logros de cama, y todavía más en un lugar público, al alcance del oído de cualquiera (imagino a mi Dama de los Pies Fríos levantando una ceja al recordar cierto comportamiento mío, tiempo ha…). Y así fue como, de repente, el Sr. B. nos soltó que están preparando una orgía para celebrar Halloween (que originales…) y que si los dos queríamos ir, no había problema, pues él nos invitaba, pues él conoce muy bien a los organizadores. J. replicó que ya miraría su agenda (pude ver que la idea no le resultaba para nada atractiva la dama) y yo me tomé la propuesta casi a broma, porque no me parecía (ni me parece ahora) demasiado serio, por el modus operandis del Sr. B., más que nada.

B. se fue al cabo de un rato, para alivio de J., que dejó escapar un suspiro más que notorio, y de todos. Su amigo se disculpó por la abrasiva locuacidad de su colega (“ya sabes como es…”). Confieso que este hombre me cayó más simpático que el primero, sobre todo por su discreción. Nos confirmó que la orgía tendrá lugar, en efecto, y que tendrá como tema Halloween. Añadió que será una fiesta más bien reducida, que por el momento no piensan invitar a más de una docena de personas (incluidos nosotros, añadió) pero que los detalles más importantes (el sitio) están todavía por confirmar.

Yo, sinceramente, no me siento preparado todavía. Además, Lady J. es un capítulo cerrado, además de tabú por diversos motivos. En fin, que tengo que pensármelo mucho, porque, por el momento, no me atrae la idea. No es mi momento todavía. No me siento preparado, por así decirlo.

Hasta las próximas letras,
J.

08/10/2018

Anoche tuvimos una minitormenta hacia eso de las nueve con mucho aparato eléctrico que dejó a unos cuantos de nosotros sin luz. Así que acabamos reunidos unos vecinos y vecinas en la entrada de la escalera mientras esperábamos que volviera la luz, porque ahí sí que había iluminación (¿Ahí sí y en el resto del edificio no? ¡Sherlock Holmes, ven que te necesito!).

En esa tesitura mantuve varias conversaciones (“hombre, usted es nuevo”) y me enteré un poco del microcosmos en el que estoy metido. Conocí a un par de personas y, entre ellas, a una vecina de la escalera de al lado, una treintañera muy risueña y con una cierta tendencia a querer ser el centro de atención.

Una vecina cercana a los sesenta se puso a flirtear conmigo. De eso me dí cuenta luego, en casa, con la luz ya de vuelta y cenando sin prisas. Me quedé perplejo por mi falta de reacción, pero lo cierto es que, ni aunque hubiera la inclinación para seducir, tampoco hubiera intentando nada. Llámalo sentido común.

Fue una ocasión interesante para conocer más gente. Sospecho que algo saldrá de eso. Si, obviamente estoy pensando en la treintañera.

Hasta las próximas letras,
J.