10/12/2016

Esta mañana tuve la oportunidad de tomar un café en compañía de Kerry y, durante la charla me vino una idea a la cabeza. Recordando un funesto desastre en el que participé, apenas la bombilla se encendió le cambié el voltaje, o, dicho de otro modo, reescribí los planes originales antes de que estos fueran borrador siquiera.

Así que lo he dejado para otro día, y, en su lugar, le propuse quedar los dos esta tarde para repetir los goces del lunes pero sólo ella y yo. Por el momento voy a dejar la idea en “barbecho”. Ya veremos si sale la ocasión para proponerla y llevarla a cabo.

Tengo unas ganas enormes de estar con ella. Es algo inaudito, dado el trajín sexual de la semana. Pero hay algo en ella que me atrae mucho. Tanto como para saltarme una de mis reglas.

Gros bisous,
P.

09/12/2016 (2)

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Mi idea era muy simple. Organizar una cama redonda con los que quisieran participar. Salvo dos de los chicos, que tenían que marcharse por un motivo u otro, todos los demás nos quedamos.

Antes, mientras terminábamos de refrescarnos, le expliqué mi idea a Maman y mis motivos. Quería, simplemente, verla follar con otros, porque añoraba disfrutar de ese portentoso espectáculo. Ella, tras reírse un buen rato, exclamó “Cómo has cambiado. Aún recuerdo cuando eran un novatillo nervioso y te adopté para enseñarte este mundo… cómo has cambiado, so golfo“.

Cierto, he cambiado. Desde que ella se convirtió en mi madre oscura y me enseño a caminar por este mundo, he aprendido mucho de ella y por mi cuenta. Y lo intento aplicar. Así que todos compartimos lecho, y yo disfruté con la protagonista del gang bang, viendo a Maman dando y recibiendo placer, incluido el mío. A eso de las cinco de la mañana, la fiesta fue decayendo, y llegó el momento de irse retirando. Los tres despedimos a nuestros compañeros de juegos y luego nos fuimos a dormir. Yo, por el trajín de la semana y el viaje, me caía de sueño.

Que semana tan loca, tan excesiva, tan fantástica.

Gros bisous,
P.

09/12/2016

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Anoche Maman me metió en un avión de una patada en el culo y me llevó a París para otra fiesta sorpresa. Que todo saliera tan bien todavía me sorprende. Me recordó a los viejos tiempos con mi ex-osita: apenas aterrizado, con las maletas por deshacer y con el tiempo justo para asearnos y cambiarnos de ropa, salir corriendo para una fiesta liberal.

Con el añadido de que esta vez, también, para variar, yo no tenía ni idea de qué clase de evento se trataba esta vez. Claro, tenía mis sospechas, por supuesto, pero ni una sola idea clara o siquiera bien orientada. Eso sí, la sonrisa de Maman me hacía estar seguro de que se avecinaba otra sorpresa de las suyas, de manera que me iba relamiendo a la par que me preguntaba por lo que se avecinaba.

Aún así, la calma de Maman me resultaba harto peculiar, porque el viaje hasta su casa es largo, y luego teníamos que ir al lugar de la fiesta. Cuando me dí cuenta de que el camino no era el que llevaba a su hogar, me limité a cruzarme de brazos, mirarla y decirle “¿Otra vez dando un ‘rodeo’?“.

Ibamos directos a la fiesta, porque tendría lugar en casa del anfitrión de la del lunes. “Ah, bueno, vale, en casa de tu novio…“.

-Que poca gracia tienes a veces, mon petit ours – Me replicó ella.

Una vez allí, Maman me explicó de qué iba todo y yo me sonrojé por mi torpeza. El plan B, por supuesto. Un gang bang. La idea era que yo estuviera de observador, sin participar si no me convencía, pues Maman conocía mis dudas al respecto. Respecto al gang bang y a mí mismo, y yo respecto al gang bang.

A diferencia del lunes, esta vez el número de invitados se podía contar con los dedos de mis dos manos, no por decenas. Aparte de Maman, su “novio” y yo, en el evento participaban una chica y seis chicos. Yo, que había emprendido el vuelo con el pulso alterado gracias a la Dama de los Pies Fríos, noté como se me aceleraba todo mi organismo al ver a la dama e intuir lo que se avecinaba. Y tomé una decisión in situ.

Las dos horas y media que siguieron fueron una exhibición de poder por un lado y por el otro. Ella, dueña y señora de la situación, atendiendo a los hombres y mostrándose incansable, lo que me recordó algo que no he visto. Por el otro, ellos abocados sobre ella. Fue un tour de force, interesante, excitante, por supuesto, pero dado que yo ya me había decidido y afirmado mi propósito, me limité a observar como el que está en el teatro asistiendo a una obra bastante experimental. Estuvo bien, sí.

Maman se sorprendió cuando vio que yo permanecía quieto, sin mostrar inclinación alguna a participar (al parecer, esa era una de las subtramas de la noche), sin perderme detalle, eso sí. Hubiera sido una descortesía por mi parte, pues estaba viendo una obra magníficamente representada que se merecía que yo prestara toda mi atención.

Finalizada esa parte de la velada, mientras tomábamos un pequeño refrigerio y y la dama y sus folladores descansaban, él nos preguntó que nos apetecía hacer. Le intuí algo decepcionado por cómo iba todo, por lo que tuve un momento de inspiración y, llevándomelo a parte, le hice una sugerencia que sabía que le iba a encantar.

Así fue. Y es que a veces tengo ideas geniales.

08/12/2016

De repente mi agenda ha experimentado una espectacular saturación, para mi gran sorpresa, justo cuando Maman me anuncia que se tiene que ausentar por un tiempo. Oh, mísero de mí, infelice.

Ayer por la mañana tuve un tempestuoso encuentro con Elle que me hizo ver la necesidad de tomarme con calma un par de semanas para reponerme de mis excesos… propósito que duró 0,1 segundos porque he retomado el contacto con varias de las fascinantes personas que conocí el lunes

Primero fue el interesante caballero, al que llamaré Sir Oliver. Obviamente, sin dudar, he reservado un día para tomar un café con él y charlar. Segundo, la dama de los ojos verdes, de ahora en adelante Belle de Jour, reservó unos cuantos días, para cafetear y otros menesteres que ya disfrutamos el lunes (bueno, más bien en la madrugada del martes). Finalmente, la adorable voluptuosa y sensual “rubita”, que quiere ser conocida como Kerry, me hizo reservas hasta prácticamente hasta fin de año… del año próximo por lo menos. Pudimos hablar poco, pues está muy liada esta semana con su vida “blanca” y sólo ha querido asegurarse de que no me olvido de ella (como si eso fuera posible, corazón).

Tengo claro que no puedo estar en todas partes a la vez, pese a mis ganas, así que, salvo acelerar todo lo posible los encuentros más sencillos de planear y que no alteren mi agenda (tanto la “blanca” como la “oscura”) e ir buscando huecos para los que requieren más tiempo, devoción y fondo (de todo).

Sinceramente, si no fuera porque la Dama de los Pies Fríos sufre de igual problema, entre otras personas conocidas mías, pensaría que mi destino es algo… bipolar.

Gros bisous,
P.

06/12/2016 (2)

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Una vez más, mi salvación fue mi innata achuchabilidad, mi elocuencia y mi peculiar acento, que dejó a los presentes con la duda de si yo era un galo descolocado o un austríaco cachondo (por algún extraño capricho del destino últimamente me confunden bastante con un ciudadano de ese país). Ya fuera por mi acento, por mi agilidad mental, por mi sentido del humor o simplemente por el grado de calentura de los allí presentes apenas cruzada la medianoche, me acabé incorporando a otro circulo, más pequeño y selecto con el que terminé de quitarme la toalla y las vergüenzas para meterme en un jacuzzi y quedar encajado entre dos damas y muchas burbujas. Una de ellas (rubita, media melena, veintipocos, carita de niña buena -o sea, lo peor de lo peor-), no me había quitado el ojo desde el comienzo, y tardó poco en dedicarme sus atenciones, a las que se sumó la otra dama (morena de piel y de cabellos, cuarentayalgos, y cara de ser más mala que todo el averno junto -es decir, menos lobos, caperucita-) y un caballero al que, lo confieso, no pude prestar la adecuada atención hasta salir del jacuzzi, porque bastante ocupado estaba con saber donde metía mis manos como para reconocer quienes eran l@s am@s de aquellas seis manos y tres bocas que me estaban dando un repaso a conciencia.

Del jacuzzi pasamos los cuatro a una habitación que no puedo describir más que como un laberinto de cortinas que llevaban a una cama redonda en la que nos desplomamos todos y aún quedó sitio para otras tres personas que se sumaron más tarde. Tengo el vago recuerdo de haber visto, en mitad de esa pequeña orgía, a camareros reponiendo las botellas vacías y las existencias de preservativos, de gente entrando y saliendo de esa cama, y manteniéndose sólo a mi lado la chica rubia y el caballero anteriormente citado, al que pude prestar la adecuada atención y sorprenderme por ser objeto de tanto interés y devoción. A la morena, tras una montada mutuamente brutal, la ví desaparecer entre dos maromos que debían de haber jugado en su día con los Barcelona Dragons y no la volví a ver.

Aproximadamente a eso de las tres de la mañana me tomé un descanso. Pasaron unos camareros para informarnos de una sala en la que podíamos reponer fuerzas con comida y bebida. Allí me topé con Maman, que charlaba con una mujer con un vago parecido a Madonna (NO, no era Madonna). Mi madre oscura, guasona ante mi ligera indignación (desplomeme sobre su regazo, mala idea, porque casi me asfixia de un tetazo), me disparó a quemarropa “venga, si te lo estás pasando en grande“. Lo que era cierto e innegable, pero no excusaba para nada que me hubiera dejado más solo que la una. Que no hubiera tenido ocasión ni fuerzas ni motivos para añorarla es otra cosa muy distinta que no venía a cuento… En esas estaba yo, intentando indignarme con poco éxito cuando la rubita se sentó a mi lado y mi polla se levantó a saludarla. A veces es una maravilla que mi cuerpo tenga ideas propias, a veces. Así me libro de tener que decir nada, ya lo hace él solito.

Cuando ví a la rubita levantarse y volver a la cama, me fui tras ella. Juraría, no lo digo con total seguridad, que en algún momento se escuchó un vago rumor como de música a lo lejos. Si era cierto, juraría haber escuchado a Amy Winehouse cantando Black to Black. Si no, era mi mente haciendo un homenaje inconsciente a la Dama de los Pies Fríos y a todas sus invaluables lecciones (o, lo más probable, que mis neuronas estuvieran patinando alegremente aprovechando el cansancio).

Lo curioso del caso es que de nuevo me ví rodeado de mujeres, con apenas unos pocos hombres en la cama . Tal vez hacia las cinco, exhaustas las fuerzas (que no las ganas, prodigioso seso mío que no se da por aludido cuando mi maltrecho cuerpo pide piedad), mis dedos y mi lengua fueron las únicas partes de mí que, todavía capaces de activarse, siguieron complaciendo a las diosas que requerían mis servicios hasta que tuve que retirarme, dolorida la mandíbula, empapado de barbilla hasta el ombligo, exhausto, arrugada mi exprimida hombría como una pasa (que coño, como un guisante) y a punto de un coma “sexilítico” o algo peor. Pero no fue así y debo dar cumplido y especial reconocimiento para la nínfula (tal vez me confundió la iluminación, pero se me antojó terriblemente joven) que con su boca me supo poner de nuevo a tono para tomar parte de el último asalto con ella y una dama de la que recuerdo como fragmentos de ojos verdes y melena dorada. Después de eso, que fue mi particular canto del cisne, me despedí de tan agradable compañía, pero es que, por no poder, ya no podía ni pensar mal.

Eran las seis y cuarto cuando me retiré. Puedo decir la hora porque se la pregunté a uno de los camareros con la parte de la lengua que todavía conservaba algo de sensibilidad y movimiento. A mi alrededor la gente dormía en cualquier rincón y manera, mientras algunos pocos fornicaban furiosamente, para admiración mía. Tras una ducha caliente y recuperar mis ropas me dediqué a esperar a que Maman saliera mientras reposaba yo mis agotados miembros, sobre todo ESE, maravillado por no tener ni un ápice de sueño y que mi pierna no me hubiera tocado la moral doliendo. Ah, lo que hace la testosterona. Así que, a falta de un buen chocolate con churros, me dediqué a esperar matando el tiempo con las viandas disponibles (oh la cuisine française) y un poco de champagne, y acabé tatareando La Foule. Pasaba un poco de las siete cuando Maman, ya vestida y deslumbrante (la muy cabrona aprovechó una pausa hacia las dos para dormir unas dos horitas antes de volver a dar guerra), me sugirió que era hora de retirarnos. Hasta que no me metí en el coche el sueño no se dignó en hacerme una visita. Ah, que truhan. Que, por cierto, ha sido cuando la muy gala se ha maravillado de que yo no hubiera pegado ojo en toda la noche. Para dormir estaba yo…

Ha sido una de las fiestas más grandes, impresionantes, exageradas, locas y desmedidas que he tenido el lujo inmenso de participar en esta existencia oscura mía, velada en la que he dado y recibido más placer en una noche de las que muchos humanos darán en toda su vida (me importa un comino si sueno arrogante, fantasma, etc., la vida es como es, sale como sale y se explica como surge del fondo de la memoria, de los riñones y de otras partes  blandas menos poéticas). Suerte de los días festivos que se encadenan por delante porque incluso sostener el peso de las pestañas ahora mismo supone un esfuerzo hercúleo.

Ah, las sorpresas de Maman. Que grande, que grande es esta mujer (y que cabrona por tenerme en la inopia hasta el último instante). Realmente, me parece todo un extraño, caótico, hedonista sueño de placer, una nihilista, egocéntrico, exagerado, imponente y fantástica ilusión. Lo peor de esta fiesta es que no se vaya a repetir ni mañana mismo ni pasado.

Joder. Ya que no tengo fuerzas, sería un detalle no tener ganas tampoco, diría yo. Bueno, después de esta noche de excesos, me voy a tomar un descanso.

Cinco minutos, o así.

Gros bisous,
P.

06/12/2016

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Anoche participé en una de las fiestas más espectaculares y secretas de mi vida, una de las más excesivas, hedonistas y exageradas de todas las habidas y por haber. Empezaré por decir lo que no me gustó: el exagerado grado de secretismo, que, en mi modesta opinión, llegó a rozar el ridículo y la paranoia. Puedo entender que no se permitieran tomar fotos (¡obviamente!), incluso que el coche que nos llevó realizara un rodeo al ir y otro al volver (como en el primero era de noche y en el segundo iba yo adormilado por las horas de la madrugada que eran, más mi anárquico sentido de la orientación… como si hubiéramos ido en línea recta, tampoco me hubiera enterado), pero el grado de paranoia que tener que dejar el móvil y la cartera en una caja fuerte aparte… en fin, su fiesta, sus reglas.

Confieso que llegué nervioso, pura y simplemente por el recibimiento, que, lo repito, me hizo pensar que, más que a una fiesta, íbamos a un cónclave del famoso Club Bilderberg. Una vez dentro de la casa, cumplimentado el procedimiento de la recepción y escuchado las normas y demás particularidades, tardé 0,30 segundos en soltar la carcajada cuando nos dijeron a Maman y a mí que pasáramos al vestuario, donde nos cambiaríamos para la fiesta. Era un curioso contraste, ella, tan flemática (sonrisa irónica permanente), yo tan risueño (los nervios me comían por dentro). Estaba preocupado por que tal vez no iba adecuadamente vestido para los cánones (Dama de los Pies Fríos, te adoro y me quedo con tu promesa), y cuando acabé trocando mis ropas por una toalla y enfundando mi vendada pierna en una banda de ciclista color carne (chapeau por la organización) me encontraba del más risueño de mis humores. Maman, que se había pasado todo el trayecto aleccionando a un servidor cual cachorro de oso panda que a veces soy (el Bad Guy se reservó para el momento adecuado), no perdía su sonrisa divertida ni con el contorno corporal ceñido por aquella toalla que apenas cubría su pechonalidad, ni tampoco cejaba en su empeño en recordarme que no era el lugar apropiado para desmelenar mi sentido del humor más irreverente. En fin, tenía razón: me costaba mantener la seriedad  (enmascaro mis nervios a veces tras una máscara de humor) y entré en la sala con una sonrisa descomunal.

Y ahí se me acabó mi hilaridad porque aquella sala era más grande que todo mi piso y las vistas de la ciudad eran inenarrables. Si ya la casa me impresionó, el interior me dejó completamente descolocado, y luego la humanidad allí reunida, y faltaba aún unos cuantos invitados por llegar. No me sorprendió demasiado cuando el anfitrión se acercó a saludar a Maman, ni siquiera cuando lo reconocí (fue uno de los pretendientes de Maman con más posibilidades de convertirse en mi “padre oscuro”, pero esa es otra historia). Verle me calmó un ápice, la verdad, porque era una de las pocas caras conocidas del lugar, en el que escuché todas las parlas humanas y todos los acentos posibles.

Como estaba nervioso, opté por ser sensato (todavía me sorprendo de ello) y, con la máxima discreción posible, le dije a Maman que “vale, de acuerdo, como soy tu petit ours, aconséjame qué tengo que hacer“. La muy… francesa me besó en la mejilla, sonrió y me espetó un pragmático “disfruta de la fiesta, que yo voy a estar muy ocupada. Soyez sage, mon petit ours“.

FUCK, pensé mientras la veía alejarse con el anfitrión y yo me quedaba allí, con cara de Calimero y más desconsolado que Marco el día de la Madre. “Dios, que mal pinta esto como no me espabile a la de ¡YA!“. Y como iba camino de convertirme en una especie de Topoyiyo salido de seguir yo con semejantes reflexiones, opté por sacar mi lado canalla y, ya que estaba allí, divertirme todo lo posible. Por fortuna, ya fuera porque las hadas se inspiraron o porque la walkiria de turno debió de pensar que era demasiado pronto para llevarme, la cuestión es que acabé charlando con un grupo de personas de toda clase, raza, condición social, tamaño, color y toallas de diseño como si fueramos amigos de toda la vida, con la peculiaridad, si no me falla la memoria, de que por cada hombre conté tres mujeres, lo que me hizo pensar que me había muerto y aterrizado en el paraíso, con las alitas angelicales reemplazadas por una toalla y los laúdes por la pedazo de erección que la gruesa tela disimulaba con más pena que gloria.

Aquello tomaba visos de superar mis fantasías más locas. Que coño, las mías, las de Eric Stratton y las de Giaccomo Casanova y aún nos faltarían neuronas para soñar el exceso que ha sido.

(Continuará)

04/12/2016 (2)

Ayer tuve un pequeño accidente que se saldó con algunos puntos (nada serio). Por eso esta tarde me he puesto en contacto con los organizadores del gangbang del viernes para comentarles el hecho de que si asisto, llevo un pequeño vendaje en la parte afectada. Desafortunadamente y con gran pena por su parte, eso me descalifica para la ocasión, me han dicho, pero no debo preocuparme porque hay otras en preparación.

Y tanto que hay otras. El plan B que Maman y yo estamos montando, por ejemplo. Siendo sincero, no me preocupa para nada que me hayan dejado fuera de ese evento. De hecho me siento aliviado, porque, a estas alturas, el desconocimiento sobre el evento en general era tal que me sentía como un explorador camino de las Fuentes del Nilo.

mi madre oscura, por su parte, ha debido cogerle gusto a esto del misterio, y a la par que ella y yo desarrollamos nuestro plan B, ella está organizando un plan C. “Plan de contingencia, osito, que nunca se sabe”.

Ciertamente.

Gros bisous,
P.

04/12/2016

Para mi, aunque para la medianoche falte, termina una día que podría clasificar de muchas maneras, todas ellas mutuamente excluyentes.

He estado, durante unos minutos, en compañía de una mujer que lleva muerta demasiado tiempo, y en ese breve tiempo he podido escuchar su voz en sus letras. Durante ese instante en el que sus palabras me han devuelto a un pasado querido y añorado he sentido que estaba aquí conmigo de nuevo.

Cualquier tiempo pasado no fue mejor, sino distinto y anterior.

Las cuentas se han saldado, no como yo quería, pero al final el resultado ha sido el mismo, independientemente de mis actos y deseos, como me imaginaba que pasaría. A veces el destino se ocupa de ser cruel con los indeseables.

Pero es un fin, después de todo.

En paz.

Tempus fugit.
P.

03/12/2016 (2)

Una de las pegas de los condones es que me roban gran parte de la sensibilidad. Por eso, cuando esta mañana me he despertado y al notar la cercanía de Maman se me han despertado todos los instintos menos el de ir a la cocina a preparar el desayuno, por ser ella ni he pensado en otra cosa que en lo obvio.

Divisando en la penumbra su nuca y su espalda he comenzado a actuar de manera completamente instintiva, sin dar un ápice de oportunidad para que el cerebro razonara. Una de mis manos se ha apoyado en la piel desnuda de su espalda y la otra ha ido en busca de sus portentosas tetas, que no ha tardado en encontrar.

Ella se ha despertado al sentir mis caricias y me ha espetado un “ya tienes ganas?!?!?” que ha desvelado su sorpresa tanto como mi “oh si” ha desnudado mi deseo. Así que, sin pensarlo, tras acariciarla más e intercambiar sendas perversas sonrisas, la he penetrado en ese instante, sonriendo al notar su humedad.

Como ella sabe, follarla a cuatro patas me produce un placer perverso, superior al que esa posición, per se, ya me ocasiona. Entre eso, el estar libre de la molestia del condón y las ganas, hemos tenido que esforzarnos los dos en hacerme durar porque, lo confieso, podía haber terminado en escasos segundos. Pero no ha sido el caso y el goce se ha prolongado deliciosamente entre momentos de follar lenta y gloriosamente, otros de mayor premura y, hacia el final, bombear desaforadamente hasta el grito final.

Gros bisous,
P.

03/11/2016

Anoche me dormí hablado con Maman y hoy la he despertado a base de puro sexo. Luego, una vez calmados los instintos, me ha sugerido que saliera corriendo porque, a pesar de los orgasmos, las ganas de matarme por haberla despertado inesperadamente no se le iban. Ah, las mujeres somnolientas.

Si es que me pasa siempre lo mismo. Me duermo al lado de una mujer desnudo y mis dedos se despiertan con ideas propias antes de que mis neuronas se activen. Y para cuando éstas han hecho acto de presencia, mi polla ya va a la suya. Ah, mis neuronas somnolientas.

Tengo la extraña sensación de ver invertirse las tornas con ella. En lugar de explicarles mis cuitas y problemas y recibir a cambio sus consejos, ahora soy yo el que escucha sus proyectos y aporto mi grano de cordura y sensatez. Y digo grano porque no doy para mucho más.

Por el momento sus ideas me gustan, incluso las que no tienen visos de plasmarse en algo práctico o, en su defecto, real. Como el tiempo se ocupa de perfilarlo todo, ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos.

Dentro de unas horas, me tomaré un café en compañía de Elle.

Gros bisous,
P.