En cuanto llegamos, Tina comenzó a revolotear por el club, olvidándose de los demás. La pareja, por su parte, comenzaron pronto los juegos, a los que me sumé sin dudar. Ella, de estatura normal, destaca por los notables pezones de sus pechos, de tamaño medio, un poco caídos.

Es simpática, sencilla y directa (a veces demasiado). Cuando se nos sumó una pareja (la mitad femenina encantadoramente breve), la dama me confesó que no le van las mujeres. De haber tenido una iglesia a mano hubiera pedido que repicaran las campanas. Por primera vez en siete años que me topo con una mujer que ni es bisexual ni bicuriosa. Milagro.

En algún momento aquello se convirtió en una cama redonda con una decena de personas. En tal batiburrillo de carne disfruté dejándome llevar (así fueron las agujetas de ayer) y haciendo de todo con todas.

Hasta mi parte sádica disfrutó cuando Tina, al irnos, se enteró de que se había perdido esa cama redonda, ella, que la había buscado tanto.

Después de la salida de ayer, estoy hecho polvo. La culpa es mía, por empeñarme en querer tener un ritmo normal y no descansar todo lo que debía, pero en fin, tampoco podía estarme todo lo quieto que me apetecía.

Mañana, más y mejor y más extenso.

Es viernes. KM está de viaje (pero escribe para decirme que se acuerda de mí… antes viajaba pero no debía de acordarse de mí, porque no escribía para decírmelo; o se acordaba para adentro); Tina, por su parte, estaba indecisa sobre si ir hoy a un club liberal con otra pareja porque no tenía acompañante.

Yo, eternamente bocazas, despreocupado y sin el ápice de sentido común necesario para preguntar primero y opinar después, me lancé a la piscina de cabeza gritando “Geronimoooooooooooo!” con el resultado obvio. Me he mojado.

En fin, que iré con ella a mi club liberal odiado por excelencia.

¿Me he llamado bocazas? ¿Sí? Pues otra vez.

Ayer, dentro de un plateado y brillante ascensor, estaba yo a solas con una chica monísima, con un aire a Maggie Civantos en “La pequeña Suiza”, bufanda kilométrica aparte. De repente, le salió algo desde lo más adentro de su ser. Eso no era una ventosidad, sino gas mostaza, un viento huracanado que, a falta de lluvia, reduce a Gloria a una brisa suave.

“Ese ascensor va a oler mal unos cuantos años”, pensé al salir.

Hoy la he vuelto a ver. Se ha sonrojado ligeramente al recordarme del momento eólico, lo que me ha provocado una inmensa ternura de manera inmediata. Intuyo que, bajo ese flequillo y esas gafas, se encuentra un paraíso humano.

Aún queda gente en el mundo que se sonroja.

El evento duró menos de lo previsto (una especie de epidemia de “urgencias imprevistas”), pero fue interesante. Aleksandra me resultó un pelín decepcionante. Mona, con un culete bonito. Olía bien. Por lo demás, une femme ordinaire sans trait distinctif.

Al final, como suele pasar, KM y yo acabamos sentados en una cafetería cerca de La Maquinista antes de terminar comiendo chocolate con churros en su cama. Fue entonces cuando me comentó sus ideas sobre el karma y la reencarnación. A quien jodes en una vida, ella te jode en la siguiente.

Pensando en cómo le comí esas deliciosas tetazas, me pregunto quién me lamerá en mi próxima vida. Y qué.

Esta tarde asistiré a un evento liberal con KM. Cuando me ha dicho que la anfitriona se llama “Alexandra” he sentido un escalofrío en las cervicales. Pero no, es “Aleksandra”, así que es altamente improbable que el destino se muera de risa a mi costa.

Lo hará, pero no por eso.

Hace cosa de unos meses conocí en mi desempeño laboral a una dama holandesa que me llamó la atención poderosamente. Dado que me unía a ella lazos profesionales, opté por no complicarme la existencia recordando una de las más repetidas frases de mi ex-perversora y sólo mantuve con ella contacto epistolar virtual. Cuando tuve claro que mis días en aquella empresa estaban contados porque iba a cambiar de aires, fui un poco más allá y quedamos varias veces para tomar café.

Hoy que ya no trabajo para aquella empresa, hemos tenido nuestra primera cita comme il faut. Antes de llegar al hotel donde hemos pasado tres horas deliciosas, nos hemos confesado unas cuantas cosas, incluyendo algunas que se intuían pero que no se habían tocado aún.

Es una amante fogosa a la par que delicada, viciosa pero tierna, en una palabra, humana.

Espero que hoy haya sido el comienzo de una larga amistad sexual.

Por primera vez en mi vida mi agenda liberal es un caos que no acierto a enderezar. Básicamente porque no tengo interés en ello. KM va a ver su disponibilidad reducida, lo que es un desastre, pues ahora me apetece más que nunca; Tina, por otra parte, ha visto incrementada la suya por un inesperado destrozo sentimental que quiere curarse con risa y orgasmos.

Y a estas dos damas sin par se suma una chica de 20pocos años cuya manera de follar me encanta (además de sus tetazas) a la que conocí en el bar de los sexos solitarios, y una lectora de este blog con mucha curiosidad, muchas preguntas y un considerable lío de prioridades. Espero que me disculpe si he tardado en contestarle, pero he juntado un periodo de pereza extrema y me ha costado un poco salir de él.

Además, ayer me cargué un par de medias muy cuquis follando (además de dos condones) y tengo la sensación de ser un elefante en una cacharrería. En fin, cosas que pasan. Que me pasan.

Aprovechando que hoy empiezo una semanita de vacaciones, esta mañana me he apuntado a ayudar en una fiesta de cumpleaños infantil con Tina. Tras finalizar nuestra relación sexual, nos hemos convertido en dos malévolos amigos que disfrutamos haciéndonos gamberradas de vez en tanto. Pero la verdad es que se ha ganado mi cariño por mil cosas que no vienen ahora al caso.

Pues bien, nos hemos puesto a hinchar globos y, simplemente con esa cosa tan poco sexual, nos hemos pillado tal calentón que hemos terminado follando en su sofá.

Es fascinante lo provocadora que puede llegar a ser cuando se empeña (como hubiera dicho la Dama de los Pies Fríos) y que un globo hay sido capaz de ponernos a mil como hoy ha pasado.

Después de pensarlo un poco, he contestado a una pregunta que me hizo KM hace un par de días. “¿Qué fantasía querrías cumplir hoy mismo?”.

Me gustaría verla con varios hombres.

Tengo ese deseo. Tres, cuatro hombres para ella. “¿Y para tí nada?”, me ha contestado sorprendida.

Seguro que se le ocurre algo.