19/10/2017

El café con la mitad femenina de la pareja con inquietudes liberales ha sido curioso. Ella admite tener curiosidad (en realidad el morbo la devora), pero le frena el temor a que dar un paso adelante y penetrar en los parajes liberales pueda poner en peligro su pareja. Si lo hay (peligro, quiero decir), le he contestado, no es por adentrarse o no en esos lares. El deseo de su marido no es la crisis, sino un síntoma. Por ello le he recomendado encarecidamente que hablen del tema los dos sin dejarse ningún cajón por revolver.

Otro problema es que quieren corren antes de aprender a caminar, en mi opinión. Pero eso no es todo. Ella está medio escandalizada, medio horrorizada por sus propios deseos. Y apenas ha digerido que su marido desee a otras mujeres. La veo demasiado insegura, demasiado acomplejada, demasiado temerosa, demasiado confusa.

Mi respuesta ha sido sencilla. Que lo hable con su marido, y cuando lo tengan claro que decidan cómo avanzar. Si no saben asumirlo como dos adultos, que vayan a un asesor matrimonial o a Fátima.

Gros bisous,
J.

18/10/2017

Cambio de planes. Madame E. ha tenido un pequeño problema y tenemos que dejar la salida de hoy para otro día. Mejor, así nos reponemos de lo de ayer, que fue épico.

Por otro lado, una lectora de este blog me ha contactado. Me recuerda a una de mis primeras amistades liberales, y tal vez por ello me siento dividido sobre como aconsejarle, porque lo que le diría normalmente se ve tamizado por la experiencia.

Es una dama sin ninguna experiencia liberal, tal y como ella misma me confiesa, y, me temo, con una escasez de experiencia sexual. La veo terriblemente convencional, impresión que se refuerza por lo que me ha contado. Básicamente: a ella no le interesa para NADA el mundo liberal, pero se ve atraída hacia él por las circunstancias ya que su pareja se muere de curiosidad. Esto, desde mi punto de vista y en base a mi experiencia, es un ERROR GARRAFAL.

Esta decisión debería ser consensuada y estar los dos de acuerdo. Que una de las dos partes ceda no suele ser buena idea y, en base a mi experiencia, esto casi nunca sale bien, cuando no termina en desastre más tarde o más temprano. Sólo recuerdo un caso que no acabó en desastre, aunque tengo mis dudas al respecto.

Hemos quedado para conocernos y tomar un café pasado mañana. Reconozco que tengo pocas ganas de hacer de “angel de la guarda” o de “consejero oscuro” de nadie. Ya lo hice cuando me tocaba y considero saldada mi deuda. Además, siempre me pillo los dedos en estas ocasiones, así que mejor ser prudente.

Ua veremos.

Gros bisous,
J.

18/10/2017

Anoche Madame E y yo quedamos para cenar “y lo que surja” (esa manida broma que ya no es tal de tanto usarla) y, la verdad, todo se nos fue de las manos, de tal manera que llegaba yo a mi casita a eso de las siete de la mañana. Eso sí, en perfecto estado de revista.

Todo comenzó en la cena, cuando a ella le entraron ganas de ver la Sagrada Familia de noche. Caprichos de la dama… Pues adelante. Hacia las once, hartos ambos de hacer el turista, nos fuimos a su casa, donde tuvimos una deliciosa velada que nos dejó sonrientes, cansados y hambrientos. Así que, como dos soberanos tarugos, salimos a comprar algo para comer (la nevera estaba medio vacía) en torno a las tres de la mañana.

Suerte de esas tiendas que no cierran nunca.

Cocinar fue un asunto cómico, porque, a pesar de mis avisos sobre mi escasa habilidad y mi cierta torpeza culinaria, la dama no se tomó en serio que no sirvo para pinche y tuvo que comprobarlo. No importó, porque acabamos muertos de la risa y pudimos quitarnos el hambre.

Pero claro, saciado el apetito gastronómico, el deseo sexual retornó… y perdimos literalmente la noción del tiempo. Así que, a eso de las seis y media, realmente agotados y reducidos a poco más que charlas arrebujados bajo las sabanas, se nos ocurrió mirar el reloj y nos dimos el susto de nuestras vidas.

Por eso esta noche vamos a repetir la locura.

Gros bisous,
J.

17/10/2017

La gangbang de ayer me dejó un peculiar sabor de boca. No me disgustó pero tampoco me entusiasmó. Simplemente fue. No estoy satisfecho con la experiencia porque fue todo un pelín tramposo: tuvo lugar en un entorno demasiado familiar y, la verdad, no me acabó de parecer real. Me divertí, por supuesto, pero, sinceramente, sólo recuerdo dos o tres relaciones sexuales que fueran insatisfactorias en los últimos diez años. Vamos, que tengo la buena fortuna de pasarlo bien siempre.

La dama fue fantástica; los caballeros, incluso los desconocidos, geniales y, como ya he dicho, me divertí. Follé, miré, observé, analicé (no va con segundas) y aprendí un poco de todo. Pero la duda primordial no se ha resuelto, así que tendré que probar de nuevo.

Que no tenga prisa alguna por salir de dudas puede ser indicativo de algo.

En fin, que repetiré. A ver si consigo tener una epifanía en un gang bang en el que participe mi adorada Lady GDS… Mmmmm… le pediré consejo a mi Señora de los Pies Fríos, a ver que opina.

Y esta noche… cita con Madame E..

Soy un diablillo simpático, cachondo y, sobretodo, muy afortunado.

Gros bisous,
J.

16/10/2017 París… Texas.

Ha sido diferente. Muy diferente de todo lo esperado. Sobre todo porque, de repente, podría decirse que me he muerto cuando he dejado de sentir nervios y me he abandonado, casi de manera fatalista, a lo que tuviera que pasar. Ha sido un momento extraño y peculiar, todos todavía vestidos, mon père fumando tranquilamente, yo con una copa de champagne (hola, mi Dama) en la mano a su lado y JP odiosamente silencioso, cuando, de repente, una broma absurda de ese loco maravilloso ha provocado que los tres prorrumpieramos en tremendas carcajadas que, escandalosamente, se han deslizado por el local.

Maman ha venido a buscarnos, porque la dama ya había llegado, y los tres hemos ido a reunirnos con los demás participantes. P. al final no ha podido asistir por un pequeño problema en el último suspiro y François ha tenido que cancelar su viaje por motivos del todo justificados. Por suerte, ambos avisaron y Maman pudo llamar a sendos voluntarios que ya tenía “en reserva”. Esto me recordó la vez que fui el “reserva” de un trío lésbico de dos damas que me recompensaron muy amablemente.

Así fueron los preeliminares. Lamento tener que dejar para otro día el resto del relato, pero estoy realmente cansado. Royally tired, my friends.

Gros bisous,
J.

16/10/2017 Barcelona

Son las 03:47 y no puedo dormirme. Hace media hora que me he despertado sobresaltado y no concilio el sueño. He tomado mis medidas para volver a dormir (vaso de leche templada) pero Morfeo se resiste. Supongo que es por el sobresalto de ayer.

Bueno, ya que no puedo dormir, haré algo de provecho. Escribir.

Dentro de unas horas estaré camino de esta aventura en la que me he metido y que, todo sea dicho, maldita sea las ganas que tengo de hacerla. Pero debo seguir adelante, no por todas las veces que he afirmado que hay que vencer a nuestros temores y salir de dudas, no. O sí.

Voy a participar en la gangbang (aunque, visto lo visto, tengo la sensación de que está gafada) por dos sencillos motivos: el primero, porque he dado mi palabra a Maman, que ha montado todo el espectáculo, y no es plan de hacerla quedar mal a última hora; y segundo, porque tengo que hacerlo, porque me tengo que sacar esta espina que me turba y salir de dudas, aunque todo me diga que no me hace maldita falta, porque no deja de ser sexo deportivo, como yo le llamo, y eso no va conmigo.

Pero da igual. Voy. Voy porque quiero salir de dudas de una vez. Porque quiero experimentar algo diferente, aunque luego diga (Pilarín style) que no eso no va conmigo. Que lo diré, seguramente. Pero voy. Da igual, es lo que tengo que hacer. Y por eso voy. No por follar. No por probar algo nuevo.

No, no por eso. No por nada de eso, sino porque tengo que hacerlo porque me lo piden los intestinos, aunque luego diga “pues no era para tanto”. Porque quiero hacerlo. Porque puedo.

No se si me explico. Da igual.

Gros bisous,
J.

15/10/2017 (2)

Esta tarde he probado un utensilio erótico (por ahí anda una prueba) con una voluntariosa Lady C (algún capricho tenía que darle) que ha tenido unos resultados superiores a los esperados aunque decepcionantes para mí. Las risas no me las quita nadie.

Bueno, en realidad sí, sí que me las quitan.

Alguien me ha hackeado este blog y dos de mis cuentas personales. En una de ellas no ha tenido tiempo de hacer nada, pero en las otras dos sí. Por suerte, tanto en una como en la otra los daños ya han estado corregidos, pero reconozco que me ha asustado lo que he visto. Tener a un psicópata obsesionado conmigo no es plato de mi agrado, lo confieso, y que intente suplantarme para dejarme en mal lugar resulta muy alarmante. La ley se ocupará de esa persona, porque ya está denunciada.

En fin, no es manera esta de terminar un domingo y más con lo que se me avecina mañana. Bueno, así es la vida a veces. En nuestra mano está aceptarla como viene y seguir adelante o que nos amargue la vida.

Gros bisous,
J.

15/10/2017

Eres mi perversión favorita. Todos estos meses sin saber cómo entenderte y cómo encajarte en mi vida, y por fin lo descubrí ayer, porque, aunque sabía el papel que juegas en mi vida, todavía tenía demasiadas contradicciones corriendo libres por mi mente para poder considerar el enigma resuelto.

La epifanía fue simple y sencilla, se deslizó suavemente por mi mente mientras mis ojos resbalaban por tus piernas. Me quedé petrificado al darme cuenta. Tanto tiempo perdido en complicadas elucubraciones para al final comprobar que no importa tanto el camino como la meta.

No importa el cómo, sino a dónde ir.

Eres mi perversión favorita. Ahora lo puedo decir en voz alta, porque ahora que lo he descubierto y entendido, ahora me lo puedo explicar. Es otra de tus facetas, otra de las poliédricas caras de tu único ser. Tú eres una, pero para cada hombre de tu vida eres otra. Por eso eres tantas como tantos somos, única para cada uno de nosotros, y para ti única. Esas versiones de tí configuran lo que eres, porque cada uno distorsiona con su mirada el concepto que tiene de tí.

Nunca te entenderé o comprenderé completamente. Es imposible, nunca se conoce por completo a la otra persona, pero no importa, porque me conformo con intuirte. Lo que ya entiendo, lo que ya comprendo es un tesoro enorme. Porque yo te tengo como nadie te puede tener. Por eso disfruto al verte despeinada y ojerosa, porque yo te veo como nadie puede hacerlo. Es uno de los muchos privilegios que me otorgas y que con ellos me distingues. Yo te veo como nadie puede hacerlo y te escucho como nadie puede imaginarlo. Y me maravillo cuando descubro que tu alma se ha follado a la mía y me estremezco de orgullo, lujuria y cariño.

Nuestro sexo, ese tuyo y mío, ese que es por y para el humo que sólo existe en la sutilidad de nuestras mentes, es así, relaja el cuerpo pero desborda los sentidos. Por eso tantas veces me reduces al silencio, porque no puedo ni explicarme a mi mismo lo que a veces me transmites.

Eres mi perversión favorita. Ahora lo puedo afirmar, pero siempre lo has sido aunque yo no lo sabía.

Gros bisous,
J.

14/10/2017

Ayer mientras la sin par Dama de los Pies Fríos me decía que tenía planes y Maman me informaba de los suyos para el lunes, Madame E. me proponía una escapada. Era curioso tener a las tres damas en línea a la vez, sobre todo porque cada uno de los cuatro estábamos a lo nuestro. Lo cierto es que yo no estaba, porque no tenía planes ni pensaba en nada. Pero el destino siempre tiene ideas propias de lo más positivas e inesperadas.

La velada con Madame E. fue de lo más sencilla. La idea era ver una película, cenar y lo que surgiera por el camino. Como de costumbre suele pasar conmigo, los planes no sobrevivieron al contacto con el enemigo, tal y como dijo Clausewitz en su día. La cola en el cine nos dejó a los dos fríos, de manera que, tras una conversación rápida, optamos por una versión más sencilla de los planes originales

A ella le apetecía comida japonesa, a mí pastelitos de nata. A ella una película de acción, a mí… una película de lo que fuera. Así que acabamos en su casa, comiendo sushi, un enorme pastel de nata y crema, vino blanco y viendo un thriller con Donald Sutherland, Richard Wirdmark y Vanessa Redgrave, que, por lo que recuerdo, iba de la recuperación de un cargamento de oro nazi perdido en una isla polar. No me acuerdo del título, como suele ser obvio conmigo, pero nos tuvo un rato entretenidos, sobre todo cuando, al terminar la película, montamos una tertulia cinéfila.

Así que, hacia la una de la noche, con los dos estirados cómodamente en el suelo sobre las mantas y demás material que reunimos para improvisar un tatami, nos entró a los dos el sueño por culpa de la copiosa cena. Y nos quedamos dormidos, bien abrazados, como dos tontos romanticones…

Y hacia las cuatro nos ha despertado el frío y, obviamente, hemos cambiado de lugar de descanso porque, seamos sinceros, el suelo no está hecho para dormir encima por mucho tatami que se improvise. Así que, tras comernos los últimos pastelitos en la cama y tras un granizado de mimos, nos dormirmos, eso sí, no antes de prometernos un buen polvo al despertar.

Bien. Lo dicho, ese era el plan. No hemos mantenido la promesa. No ha sido un polvo, sino dos señores polvazos.

Olé mi dama.

Gros bisous,
J.